El 3 de junio de 2015, mujeres y disidencias salimos a las calles para exigir justicia por Chiara Páez, una joven santafesina de 14 años asesinada por su novio estando embarazada.
Este femicidio nos llevó a organizarnos. Por eso, desde el 2015, al grito de NI UNA MENOS, nos encontramos en multitudinarias marchas en todo el país, manifestando nuestro enojo y angustia, pero también nuestra potencia como movimiento de mujeres y disidencias, con la insistencia de visibilizar la grave situación que vivimos cotidianamente. La apuesta por lo colectivo dio inicio al movimiento Ni una menos, que se replica en todas partes del mundo, reivindicando que todas las vidas son valiosas y reclamando a los Estados la urgencia de políticas públicas contra las violencias que soportan nuestros cuerpos.
A pocos días del 3J, otro femicidio nos conmociona como sociedad. El cuerpo de la adolescente Agostina Vega fue hallado en un descampado en la ciudad de Córdoba tras una semana de su búsqueda. Al día siguiente, otro femicidio nos sacude: el cuerpo sin vida de Dulce, que con 17 años fue encontrada en una construcción abandonada en la provincia de Misiones. Sus nombres se suman a la lista de víctimas de las violencias por razones de género. Las cifras aumentan y las violencias se replican día tras día en nuestra sociedad.
Hoy volvemos a gritar “Ni una menos” porque vivimos tiempos donde los discursos de odio y de crueldad están legitimados por parte del Estado nacional. Tiempos en los que se recortan y desarticulan los programas destinados a la protección y garantías de derechos de mujeres, disidencias, infancias y de lxs más vulnerables. Tiempos en los que se cuestiona la figura de femicidio en un intento de ocultar la realidad y vulnerabilidad en la que vivimos. Tiempos en los que se deslegitiman las denuncias por violencias de género, poniéndolas en pie de igualdad con las llamadas “falsas denuncias”, aun cuando estas últimas carezcan de respaldo y relevancia estadística. El problema no son las falsas denuncias, sino la falta de denuncias. ¿Por qué las mujeres y disidencias en situación de violencia de género no realizan las denuncias? Y, de la misma manera, ¿cómo convive una sociedad con una violencia que declara repudiar en los femicidios? ¿Qué relación guardan las violencias cotidianas, los micromachismos y los lesbotransfemicidios?
Las cifras son alarmantes. Según el informe del Observatorio “Ahora que sí nos ven”, de enero a mayo de 2026, en Argentina se han relevado 99 femicidios y trans/travesticidios, una muerte cada 30 hs. 61 niños y niñas se quedaron sin madre. Solo el 10 % había denunciado previamente a su agresor. Las provincias de Santiago del Estero, San Luis, Catamarca y Santa Fe presentan tasas que superan el promedio nacional.
Desde la Comisión Nacional de Géneros, Diversidades y Disidencias de FePRA exigimos:
* Políticas de protección integral.
* La aparición urgente de Delicia Mamani y todas las que aún nos faltan.
* Justicia por Agostina.
* Justicia por Pamela, Rosana y Andrea. Fue lesbicidio.
* Sostener la búsqueda de las que nos faltan.
* Los discursos de odio matan.
* El Estado es responsable.
* Ni una menos.
* Vivas nos queremos.









