
DÍA INTERNACIONAL DEL TRABAJO DECENTE
En el Día Internacional del Trabajo Decente, desde la Comisión Nacional de Psicología del Trabajo y Salud Ocupacional de FePRA, queremos señalar nuestra preocupación frente al deterioro de las condiciones en las que millones de personas trabajan en nuestro país.
El trabajo decente no es solamente tener un empleo. Implica derechos laborales, ingresos suficientes, protección social, condiciones seguras y saludables, dignidad y participación. Así lo entiende la Organización Internacional del Trabajo.
A lo largo de la historia, los modos de trabajar y de concebir la producción han mutado, pero hay una premisa que debe permanecer inalterable: el ámbito donde la persona busca su sustento y despliega su vida no puede ser el lugar donde encuentre la enfermedad y la muerte. Las condiciones y la organización del trabajo pueden propiciar un espacio de desarrollo humano o convertirse en el terreno donde el padecimiento habite, sea de manera explícita o larvaria.
Sin embargo, asistimos a un escenario en el que se profundizan la precarización, la incertidumbre, el sobreempleo, el endeudamiento de las familias y la extensión de los tiempos de trabajo. Se multiplican las formas de empleo que trasladan sobre las personas trabajadoras los costos y los riesgos de la organización laboral.
Estas transformaciones no son ajenas a la salud. El malestar, el agotamiento, la sobrecarga y los padecimientos de salud mental no pueden ser explicados únicamente como problemas individuales. Cuando se naturalizan las jornadas extensas, la inestabilidad, la presión permanente por alcanzar objetivos o la imposibilidad de desconectarse del trabajo, se corre el riesgo de convertir un problema de las condiciones laborales en un supuesto problema de adaptación de cada trabajador.
Sostenemos que es necesario mirar las condiciones que producen el sufrimiento, y no solamente sus efectos sobre los individuos. El verdadero progreso de la salud laboral no
reside en perfeccionar las herramientas para tipificar o cuantificar el malestar, sino en intervenir activamente para prevenirlo.
También advertimos sobre las nuevas modalidades laborales. El trabajo de plataformas, la virtualización y la incorporación acelerada de tecnologías e inteligencia artificial están transformando la organización del trabajo. Estas transformaciones requieren ser discutidas socialmente: no toda innovación sin regulación implica progreso para quienes trabajan.
Frente a este escenario, reivindicamos el valor del conocimiento producido por las organizaciones sindicales en materia de salud de las personas trabajadoras y la necesidad de construir políticas de salud laboral con su participación. El trabajo no puede ser pensado solamente desde la productividad o desde las necesidades de las organizaciones: debe ser pensado desde quienes trabajan y desde el impacto que las condiciones laborales tienen sobre sus cuerpos, sus vínculos, sus proyectos de vida y su salud mental.
Ninguna compensación o prestación dineraria repara la salud quebrantada o la vida perdida. Los derechos y la salud en el trabajo no se negocian ni se tarifan: se defienden y se garantizan.
Por eso llamamos a fortalecer el diálogo entre trabajadores, organizaciones sindicales, universidades, profesionales y organismos públicos, articulando el saber técnico y sindical para construir espacios de trabajo que sean fuente de salud, dignidad y realización.
Desde la Comisión Nacional de Psicología del Trabajo y Salud Ocupacional de FePRA sostenemos que sin salud integral no hay trabajo decente.
Trabajar no debería significar enfermar.
El trabajo decente es un derecho fundamental, no un privilegio.