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FePRA rechaza el proyecto de baja en la edad de imputabilidad. Los y las adolescentes necesitan escucha, no más castigos.

By 4 febrero, 2026Declaraciones, Noticias

Desde la FePRA manifestamos nuestro rechazo al proyecto de reforma del régimen penal juvenil, que contempla la baja de la edad de imputabilidad de los menores a 14 años, y sostenemos que esta propuesta es un eslabón más en el desconocimiento de las necesidades de las infancias y adolescencias

Nuestra posición se nutre del aporte invalorable del pensamiento y el trabajo de nuestra colega Beatriz Janín, una de las máximas referentes del país en temas de infancias y adolescencias. Decimos, con ella, que la adolescencia es un momento de resignificación vital en el que los apoyos externos pasan a ser fundamentales. Es el mundo el que tiene que ayudar a sostener la imagen cambiante de sí, la caída de la propia imagen. El modo en que los y las adolescentes transiten este tiempo dependerá, en gran medida, de que encuentren reaseguros en el mundo externo y a la vez que el contexto les ofrezca un espacio de sostén y despliegue de posibilidades. Escuela, club, grupo de amigos son los sostenes narcisistas imprescindibles.
Sabemos que lo más insoportable para un niño es no ser mirado ni atendido. Para un adolescente, ser “ninguneado” socialmente lo deja en un lugar insufrible.
Entonces, la realidad socio-cultural es determinante en los avatares de la adolescencia, tal vez la época de la vida en la que el contexto social tenga más importancia.
Vivimos en una sociedad en la que muchos adolescentes son invisibles a menos que realicen una acción auto o hétero destructiva.
Un adolescente no es un adulto.
Decir “delito de adulto, castigo de adulto” es una brutalidad inaceptable.
Todo adolescente está regido por pasiones, terrores y lógicas diferentes a las de los adultos y confundir sus reacciones y funcionamientos con los de los adultos nos lleva por un camino complicado, de negación de diferencias. Por eso, desconocer el momento vital por el que están pasando constituye en sí mismo una forma de ataque a las y los adolescentes.
Este presente distópico, brutal y deshumanizante nos pone frente a un problema mucho más grave que la delincuencia adolescente (que no es estadísticamente significativa): muchos adolescentes se suicidan y otros se autolesionan de diferentes modos. En vez de preocuparse por esto, el gobierno corre de lugar el problema, ubicando a los adolescentes como peligrosos.
Todo adolescente es impredecible. Es impulsivo y busca riesgos. Es por esto que no pueden ser juzgados como adultos, que deben ser escuchados, que no son mayores castigos los que pueden hacer que no cometan transgresiones.
En una sociedad que los impulsa a tener dinero del modo que sea, en un mundo en el que el consumo ocupa un lugar privilegiado, se los quiere ubicar como punibles desde edades muy tempranas, en lugar de posibilitarles salidas vitales, creativas, proyectos colectivos y un futuro posible.
Mientras tanto, se desfinancian escuelas, hospitales y universidades públicas.
“No hay plata”, repiten los funcionarios oficiales como un mantra, frente a reclamos para sostener equipos de salud, pagar tratamientos o establecer salarios docentes mínimamente dignos. ¿Pero sí hay plata para construir cárceles para nuestros pibes y pibas?
Lo repetimos: no son mayores castigos los que pueden modificar la conducta de un adolescente.
Para cerrar, tomamos de nuevo la palabra dicha y escrita innumerables veces por Beatriz Janín:
Niñas, niños y adolescentes no son adultos. Y necesitan una sociedad en la que reine el cuidado del otro y no la crueldad.
Niñas, niños y adolescentes necesitan ser escuchados y que se les posibilite un lugar en el mundo.
Niñas, niños y adolescentes tienen que tener espacios en los que desplegar sus posibilidades.
Niñas, niños y adolescentes no necesitan cárceles, sino más escuelas, más clubes, más espacios de inserción grupal. Necesitan ser escuchados y no puramente sancionados. Y que se les posibiliten salidas creativas, en las que sientan que son tomados en cuenta, frente a tanta intemperie.